viernes, 10 de junio de 2011

Breves

Leo con estupor que Ken ha decidido abandonar a Barbie. Resulta que Mattel embala sus muñecas con cartón procedente de árboles de las selvas de Indonesia. Y Ken no sale con chicas que deforestan. Así lo ha confesado en un vídeo realizado por Greenpeace. Por qué no me extrañará que un muñeco eunuco y metrosexual sea también un esclarecido ecologista. Barbie, guapa, manda a paseo a ese pisaverde y líate con un Action Man.




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El Subsecretario del Interior, Justo Zambrana, ha revelado que las infracciones por exceso de velocidad, que curiosamente habían disminuido desde la reducción de los límites a 110 km./h, han experimentado un repunte del 8 % a partir de la última semana de mayo, con respecto al mismo período del año anterior. Zambrana atribuye estos datos estadísticos a un cierto relax en el cumplimiento de la norma por parte de los conductores.
También va a ser casualidad que se hayan impuesto menos multas desde la implantación de la polémica medida hasta la fecha de las elecciones municipales y autonómicas y justo unos días después vuelva a aumentar la recaudación por infracciones. ¿No habrá habido un cierto relax de los radares fijos, interferidos por ondas electorales?

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El declive político de Berlusconi podría coincidir con la irrupción en el foro del otro personaje más envidiado por los italianos -dicho sea  en masculino plural no genérico-, el célebre actor porno Rocco Siffredi. El argumento de su campaña contra el abandono de mascotas no puede ser más intimidatorio: "Se lo abandoni, ti inculo!", conocidas las dimensiones extraordinarias de dicho argumento. En plena crisis de las hortalizas por la epidemia de E. Coli, el nabo italiano atemoriza mucho más que el pepino español. Por cierto que echo de menos una campaña a favor del injustamente vilipendiado cucurbitáceo patrio, a cargo del también internacionalmente reconocido Nacho Vidal.

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domingo, 5 de junio de 2011

Firma invitada: Lo legal y lo justo (Cristina Nebot)

Inauguro la sección de colaboraciones con esta entrada de Cristina, a cuya denuncia me adhiero por completo.



Con frecuencia digo a mis alumnos que lo legal y lo justo no siempre coinciden, en un intento de prepararlos para la segura frustración que sentirán al acercarse a los tribunales de Justicia. Pero esta noticia, esta decisión judicial no sólo es injusta, es descabellada, por más que se ajuste a la estricta, fría, formal y deshumanizada legalidad.
El Tribunal Superior de ¿Xustiza? de Galicia acaba de ordenar el derribo de un edificio en el centro de Coruña donde viven cien familias por no ser ajustado a la estética de la arquitectura racionalista de la ciudad. ¿Creéis que exagero? 

A principios de 1997, FENOSA convocó un concurso para permutar su edificio de oficinas en A Coruña por las viviendas y locales comerciales que se obtuviesen mediante la realización de obras de rehabilitación. Entre los concursantes se encontraba D. Valentín Souto García, quien ya fue arquitecto contratado por el Ayuntamiento de Betanzos. No resultó adjudicatario del concurso. 

Desde entonces y hasta hoy pretende el derribo de un edificio en el que actualmente viven 100 familias. Entre sus motivos: - "se nos había perjudicado haciéndonos realizar un esfuerzo y un trabajo que habían resultado en vano". - "absolutamente inadmisible la transformación arquitectónica que convirtió uno de los pocos edificios racionalistas meritorios de la ciudad de A Coruña,en un desafortunado remedo de la arquitectura ecléctica del siglo XIX, dando un lamentable ejemplo de involución arquitectónica, que además resulta para mí un auténtico agravio, en tanto fue llevado a cabo en detrimento de mi propuesta (...)".(La Opinión A Coruña, 4 de junio de 2010) 

El así agraviado ha pleiteado durante trece años de juicios y gastos, no bastando una sentencia favorable para satisfacer su dogmatismo arquitectónico y obtener su desagravio, sino que pretende que cien familias se queden sin casa en aras de la arquitectura racionalista. ¿Es esto Justicia o la historia de un despecho?


viernes, 3 de junio de 2011

Autoritarios y totalitarios

Treinta y seis años después de la muerte del dictador que campeó por España algo más de otros tantos, no puede decirse que Francisco Franco haya conseguido pasar a la Historia. Podría entenderse que sus ya escasos nostálgicos se aferrasen a la memoria fabulada de un personaje tan patético como abominable, pero son, curiosamente, los más declaradamente antifranquistas los que no dejan de sacar al santo en procesión, como si les resultase imprescindible todavía para peinarse con la raya que separa el bien y el mal más absolutos. Es tan refractaria al sentido común la incapacidad para asumir el pasado de buena parte de la sociedad española que la historia contemporánea no merece ser escrita con mayúscula, embarrada todavía en las trincheras de la Guerra Civil.

No es extraño que el recién estrenado Diccionario de la Real Academia de la Historia haya encallado precisamente en la F de Franco, en cuya entrada se afirma que su régimen fue autoritario pero no totalitario.

¡A las barricadas! Toque de corneta y reparto de munición contra el académico franquista que ha rebajado la dictadura de totalitaria a autoritaria. Políticos y contertulios, medios de comunicación y organizaciones cívicas de variados pelajes, todos a una pidiendo cuando menos la corrección del diccionario, cuando más su prohibición o su quema en plaza pública.

Desde luego, si no ganamos más competiciones deportivas es porque todavía no se ha inventado el campeonato mundial de capacidad de ridículo o el de ignorancia temeraria. Puede que no sea nada afortunado encomendar la redacción de la biografía del funesto general a un historiador como Luis Suárez, de abiertas simpatías por su biografiado  -como tampoco parece la mejor idea que de la entrada sobre Felipe González se encargue Juan Luis Cebrián- pero le asiste toda la razón cuando académicamente califica el régimen de Franco como autoritario y no como totalitario, frente a la legión de tarugos que se rasga las vestiduras sin conocer ni por asomo la diferencia entre un término y otro.
Un régimen autoritario o autocrático suele ser personalista, habitualmente conservador o retrógrado y, si bien elimina  las libertades y derechos fundamentales, no pretende normalmente ocupar ideológicamente todos los aspectos de la sociedad, sino mantener el poder y la vida pública en manos de una oligarquía. Van desde las monarquías absolutas a las dictaduras militares o regímenes populistas. El franquismo encaja bien en el concepto, como la coetánea dictadura de Salazar en Portugal, de Pinochet en Chile o las todavía vigentes en la Guinea Ecuatorial de Obiang o la monarquía marroquí.
Los totalitarismos suelen surgir, en cambio, de un partido político, que se convierte en único y, desde una fuerte ideologización pretende fundirse con las instituciones del Estado, absorber la economía y exige la movilización política de sus ciudadanos, eliminando también sus derechos y  libertades fundamentales. De ese carácter total del que toman su nombre son paradigmáticos el nacionalsocialismo alemán o el comunismo leninista, estalinista y sus continuaciones y satélites.
Dicho esto, no es necesariamente peor ni más sanguinario un régimen por ser autoritario o totalitario. No son grados de lo mismo, son sencillamente categorías científicas distintas, establecidas académicamente desde hace décadas para clasificar los sistemas políticos. Confundir la distinción científica con la justificación moral es mero revisionismo indocumentado.

Pese a toda la polémica generada, no creo que la nueva enciclopedia  biográfica vaya a infligir graves daños neuronales a sus furibundos críticos, vista su escasa disposición a consultar un diccionario antes de ponerse en evidencia. En esta escalada del disparate ibérico no sería descabellado que surgieran partidarios de derogar la Ley de la gravedad, claramente preconstitucional y totalitariamente vigente en tiempos del autoritario Franco.