viernes, 9 de febrero de 2018

Oscars 2018: Del Toro, Nolan y sus afueras

En condiciones normales, más allá de la espuria utilización del arte como plataforma para reivindicaciones sociales o políticas coyunturales, la ceremonia de los premios de la Academia debería estar protagonizada por dos películas mayúsculas. Una de ellas -Dunkerque- obra maestra absoluta y la otra -La forma del agua- que se queda a apenas un centímetro de serlo. Ambas, cuando en el terreno de la ficción imperan los modos de las, a menudo excelentes, series televisivas, son un ejercicio de amor a los valores perdidos del cine, a la capacidad de convertir a las imágenes en vehículos más poderosos del relato que las palabras, experiencias inmersivas brillantes, con bandas sonoras a la altura.

Seguramente Holywood no permitiría a nadie más que a Christopher Nolan rodar una superproducción tan personal como Dunkerque, con más extras que efectos digitales y con poquísimas concesiones a la taquilla y a los premios. El resultado es colosal, un bombardeo estético, casi de cine mudo, que articula una emoción intensa y permanente. El miedo a perder la vida a cada instante se retrata con más lirismo y parecida intensidad que en la primera media hora de Salvar al Soldado Ryan. La presencia continua de la banda sonora es un elemento más de guión. Resulta brillante la estilización musical de Nimrod, de Elgar, para crear una atmósfera heroica dentro de la derrota. El dramatismo no necesita apoyarse en las interpretaciones de los actores, que apenas tienen diálogos porque al fin y al cabo, como en un gran fresco, el conjunto predomina sobre sus partes. Creo sinceramente que es lo mejor que ha hecho el director de Memento, Origen o Interstellar. Y eso es mucho decir.

Guillermo del Toro es un friki con una fe inquebrantable en lo que hace y un talento cinematográfico superlativo, por lo que, por muy refractario que uno sea al género fantástico, al comic y a extravagancias varias, consigue a veces arrastrarte a su universo imaginario sin que puedas ni quieras resistirte. Como en el Laberinto del Fauno, en La Forma del Agua lo vuelve a conseguir. De forma más poética si cabe. La escenografía, la dirección artística, un buen guión, la música de Desplat y unas formidables interpretaciones te llevan tan de la mano que asumes que un cuento es un cuento y que todo vale cuando es bello. Hasta le perdonas las concesiones gratuitas y oportunistas a temas candentes como el acoso sexual, la homofobia y la discriminación racial, que para eso Del Toro se juega el tipo y el dinero con esta apuesta personal.

Entre las dos cintas mencionadas deberían repartirse los premios a mejor película, dirección, fotografía, banda sonora y dirección artística. Pero creo que Dunkerque,sin mujeres coraje ni afroamericanos (los americanos no habían entrado aún en la guerra) se irá casi de vacío. Tiene ventaja La Forma del Agua porque, además de arrimar el ascua a lo políticamente correcto, tiene grandes interpretaciones, en particular Sally Hawkins, pero todo el elenco está de oscar, incluso el no nominado Michael Shannon.

Los oscar a actriz principal, actor de reparto y guión original serán las bazas de Tres anuncios en las afueras, de Martin McDonagh, excelente película aunque menor frente a las citadas. Una buena historia y guión con un giro sorprendente; ambientada en el medio rural americano, muy trillado ya como escenario tenebroso y surrealista, con una interpretación excepcional de Sam Rockwell y una algo más discutible de Frances McDormand. Aunque con papeles memorables a sus espaldas, la esposa de Joel Coen ha acabado convirtiéndose en un personaje en sí misma. Su rostro de piedra arenisca y su alergia a la peluquería disfrazan de intensidad cualquier mueca. Aunque es la favorita al premio, me parecen mayores los méritos de Sally Hawkins.

La ceremonia de entrega de los oscars siempre es un espectáculo aunque, con el precedente de los Globos de Oro, temo que se pueda convertir en un auto de fe, con Woody Allen, Kevin Spacey y todo el que se mueva tocados de capirote en la hoguera del #metoo y Oprah empuñando la antorcha. En ningún sitio se cazan mejor las brujas que en Holywood.




3 comentarios:

  1. Coincido contigo en lo referente a Dunkerke, amigo. Y a pesar de que los ingleses resulten a menudo fatigosos con sus proclamas nacionalistas, confieso que utilizo el famoso discurso de Churchill antes de cada partida de Risk. No he visto todavía la de Del Toro. Lo que ocurre con "los 3 anuncios" es que es una película de excesos que no encuentra el tono adecuado. A veces dramática, otras paródica y a menudo sarcástica, el espectador (al menos yo) es incapaz de identificarse con los personajes o con lo que les sucede. Gracias por los consejos y un abrazo.

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    1. Gracias, compadre. Es reconfortante saber que hay alguien al otro lado. En cuanto a Tres anuncios... si el no inscribirse en ningún género fuera un accidente, creo que sería un accidente afortunado. Por la trayectoria de su director, creo que es algo pretendido y, realmente, es lo que más me gusta del guión. Por ponerle un pero, quizá la transformación del personaje de Sam Rockwell resulte un poco abrupta pero, de otro modo, se resentiría de exceso de metraje. El final puede que sea un recurso de necesidad, pero resulta brillante.
      Te gustará La Forma del Agua.

      Un abrazo

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  2. Antón me ha pedido que lo lleve a ver La Forma del Agua, después de leerte, creo que incluso a un niño de 11 años le gustará. Un beso

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