lunes, 20 de febrero de 2012

Oscars de hierro y seda

Ahora que termino de padecer a la insufrible Eva H conduciendo (por el arcén) la gala de los Goya, se me ocurre que si la triunfadora absoluta ha sido la pasable pero irregular No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu, parece imperdonable el dispendio público de subvencionar casi todas las demás en pleno apocalipsis económico. También me malicio de que La piel que habito es la que se han dejado en el quirófano Belén Rueda, Victoria Abril o Melanie Griffith. Alguien me ha apuntado que el cirujano de la Baronesa Thyssen usa el mismo molde de troquelar pasas para todos sus diseños, que ademas de convertir a todas sus pacientes en replicantes en unos años más o menos, las deja tan justas de piel como inhabilitadas para comer fabada sin disgustos.
También he advertido que queda menos de una semana para los Oscar y es costumbre de este blog verter comentarios sobre los nominados y aventurar pronósticos temerarios sobre aquellos a los que ahora irán a parar las estatuillas de las que antes eran políticamente incorrectos ganadores. Menos mal que, al menos, vuelve Billy Cristal.

Empiezo por el óscar más cantado, el que con pocas dudas engordará la colección de Meryl Streep, esa diva shakespeariana de New Jersey, tan etérea que parece deslizarse sobre un frufrú de gasas. No osaré yo poner un pero a su mimética interpretación de la Thatcher en La Dama de Hierro, pero toda la película está tan al servicio de su lucimiento interpretativo que defrauda al menos exigente. Si uno espera algo de jugo de la apasionante dimensión política del personaje, se queda con un palmo de narices contemplando el enésimo dramón trillado sobre el alzheimer, digno de la sobremesa de Antena 3. Incluso un infalible actor como Jim Broadent (que encarna a Denis Thatcher) acaba convertido en lamentable comparsa, con apariciones tan innecesarias que insultan cualquier inteligencia. No niego la visión comercial de quien, embutiendo a la Streep en el traje de falda y chaqueta con sombrerito ridículo de la exprimera ministra, se ha asegurado el exito en la recaudación. Pero, desde el punto de vista histórico y artístico, el tratamiento narrativo de una figura tan interesante como poliédrica me parece un soberano desperdicio. Una pena, con lo cerca que viene a caer Downing Street de Buckingham Palace, lo lejos que se han quedado de la soberbia The Queen, de Stephen Frears.

Más competencia tendrá uno de los favoritos a alzar el óscar al actor protagonista pero, en las antípodas del histrionismo de Santa Meryl está la interpretación de seda de George Clooney en la muy notable Los Descendientes. Cierto que ese magnífico guionista y director que es Alexander Payne (Entre Copas, A propósito de Schmidt) le proporciona un pasillo genial entre lo dramático y lo cómico -digno solo de grandes cineastas-  para alumbrar desde la contención  el personaje de un cornudo inocente, sobrepasado y en bermudas, tan entrañable como patético, tán melancólico como perplejo, sin añadir un ápice de cinismo a su desconcierto y vulnerabilidad. Y como veo que me he arrancado a pares, mencionar el complemento del entorno, un Hawaii nublado y sin barrer, sin guirnaldas ni surferos, descolorido y cotidiano. Más que recomendable.
Y, aunque no haya merecido nominaciones por su otro filme en cartel, Los idus de marzo, no quiero dejar de señalar la dimensión que está adquiriendo Clooney tanto delante como detrás de las cámaras. Me ha sorprendido con su buena mano como guionista, por encima de sus otras facetas de productor y director. Me pregunto si con el tiempo llegará a igualar o superar a Clint Eastwood.

En fin, queda menos de una semana para la ceremonia de entrega de los Oscar. No prometo nada pero intentaré dejar por aquí alguna deposición crítica más antes del evento.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Dejar de "preveer"

Me tiene negro (uy, perdón) escuchar permanentemente la palabrita. En menos de 24 horas ya he oído a un hombre del tiempo decir que no se preveen lluvias en el Mediterráneo, a una contertulia de TVE espetar que se preveen movimientos de cara al próximo congreso del PSOE y a un tipo en un anuncio de Audi sosteniendo que su misión es preveer el futuro. No querría insultar la inteligencia de nadie explicando que prever significa ver con anticipación y que se conjuga igual que el verbo ver del que procede. Ni que no existe el verbo preveer sino una confusión permanente y, en algunos ámbitos intolerable, con proveer, que es cosa bien distinta. Harto me tienen de las preveisiones meteorológicas, económicas y políticas y de tanto merluzo preveisor. Y preveisora, no faltaba más.

El caso es que la propagación de estos disparates es más virulenta que la de una gripe aviar, supongo que porque a los pollos  y las ( ) que largan en los medios no se les vacuna preventivamente en la escuela contra el disparate lingüístico.
Así ha ocurrido con otras pestes televisivas como la de "negarse en rotundo", en lugar de en redondo o rotundamente, con la "metereología" -que no es extraño que acabe "preveyendo"- o los "areopuertos" que deben de ser puntos de desembarque de áridos.

Solo queda confiar en el rumoreado regreso de Mecano para al menos ponerle música inolvidable al gazapo y la torrija patria.

Te dije, nena, dame un beso
tu contestastes que no (sic)

lunes, 21 de noviembre de 2011

Apuntes del 20N

Con su flamante mayoría absoluta, el Partido Popular parece haber dado un vuelco electoral. Pero no deja de tener algo de engañoso. En realidad apenas ha aumentado en medio millón los más de diez millones de votos que obtuvo en la anterior legislatura. Menos incluso que los que dieron una mayoría simple y exigua a Zapatero en 2008. La diferencia  la marca el descalabro del PSOE, que pierde más de cuatro millones de electores.
Respecto al resto de partidos es destacable que entre el tercero y el cuarto más votados (IU y UPyD) suman más sufragios que todos los demás que -aparte de los dos principales- obtienen representación. Sin embargo sólo suman 16 diputados, frente a los 38 del conglomerado nacionalista. El escaño más caro es cada uno de los de UPyD. Casi 228.000 votos. El más barato, el de Amaiur, menos de 48.000. El endémico periodismo anumérico, se apresura a culpar a la ley d'Hondt, por si quedaba alguna duda de su analfabetismo mátemático. Nada que ver. Es la circunscripción provincial la que genera ese esperpento. La única vía para que el voto de cada español valga lo mismo en un lugar que en otro sería implantar la circunscripción única, del mismo modo que en las elecciones al Parlamento Europeo.

Hablando de Amaiur, aun dispuesto a asumir las contradicciones y paradojas de la democracia parlamentaria, su presencia en el Congreso me resulta tan inquietante como si a Netanyahu se le da por predicar el sionismo en una mezquita de Gaza. Comprendo que haya que agradecerles que hace apenas unos meses hayan dejado de apoyar el asesinato como estrategia política. Que no pierda la esperanza el recién detenido hijo de Gadafi. Con una rectificación y en menos de lo que reposta un camello a lo mejor también le encuentran un carguito representativo en Naciones Unidas.

Pese a lo que puedan parecer a primera vista, analizando al detalle los resultados electorales, sigo encontrando el trazo sociológico de las trincheras de la Guerra Civil en las que algunos han pretendido afianzar su identidad y la de sus votantes, a falta de ideología suficiente o apta para el consumo. Espero y deseo que algún día, tanto la crisis como la brecha, acaben de superarse. Entretanto, enhorabuena a los premiados.

jueves, 20 de octubre de 2011

Neutrinos y gin tonics

La comunidad científica está que se sale. Perdida la euforia de la mayor parte siglo XX, cuando los avances en el conocimiento y la tecnología acostumbraban a adelantar a las previsiones más optimistas,  entramos, sin advertir las señales ni declarar la alarma, en un cierto período de decadencia -sólo paliada por la irrupción inesperada de internet y el dinamismo de la informática- que ha enfriado, cuando no congelado, la antigua confianza en el progreso imparable de la Ciencia. Cuando era niño, se calculaba la primera expedición tripulada a Marte para 1986. En su lugar, la década de los ochenta nos trajo -para mal- el SIDA y la inesperada incapacidad de la medicina para obtener una vacuna en menos de cinco años, para bien nos deparó el final de la guerra fría y, para inquietarse, la terrible sospecha de que el progreso se ralentiza exasperantemente sin la amenaza de una guerra.  Las carreras trepidantes se detuvieron y la Ciencia comenzó a acomodarse a los tiempos de la opulencia, a los aparatos burocráticos, los intereses cortoplacistas y las componendas político-económicas. Quizá a eso sea a lo que ahora se le llama la "comunidad científica".
En este estado de cosas, cuando casi todas las esperanzas de algún descubrimiento revolucionario que anime la depresión de la crisis económica están centradas en la investigación sobre los fundamentos de la Física que se lleva a cabo en el LHC, el acelerador de partículas del CERN en Ginebra, la comunidad científica nos alboroza con el descubrimiento de los neutrinos superlumínicos. Estas partículas subatómicas, que supuestamente han viajado 60 nanosegundos más rápido que la velocidad de la luz, aparte de cuestionar la Teoría de la Relatividad, podrían abrir una puerta en el tiempo hacia el pasado. Para terror de los cirujanos plásticos, Cher, Donatella Versace y la misma Duquesa de Alba han empezado a encargar cremas de neutrinos, por lo que pueda pasar.
Pero todo parece haber sido un error, la propia Relatividad y un teorema de Faemino y Cansado (La máquina del tiempo de Gespaña) arrojan luz -nunca mejor dicho- sobre el desajuste. La precisa sincronización que requería el experimento entre los relojes del emisor y el receptor de los neutrinos, realizada mediante GPS, no tuvo en cuenta el movimiento relativista de los relojes a bordo de los satélites GPS que midieron la velocidad de las partículas. Una desviación de, curiosamente, 60 nanosegundos. Caramba.


Sin embargo, los resultados del experimento CLOUD, también realizado recientemente en el CERN y del que aquí dimos noticia, que socavan los fundamentos de la teoría del calentamiento global por los gases de efecto invernadero, no han tenido apenas eco en la prensa, pese a ser publicados en Nature. La consigna del director del CERN, de recomendar a la comunidad científica que silbe antes que interpretar los datos y contrariar al IPCC, ha sido efectiva. La marcha de "El  puente sobre el río Kwai" es la canción más escuchada en Ginebra.

Precisamente de Ginebra va también el siguiente hito científico. La National Science Foundation americana, después de examinar concienzudamente cientos de gin-tonics, ha llegado a la conclusión de que aunque se llene hasta el borde la copa de ginebra y tónica, con el hielo sobresaliendo del nivel de la bebida, la fusión del susodicho hielo no ocasiona el desborde de la copa, ni el aumento del nivel del combinado. Después de corregir su web, la "comisión Arquímedes" está buscando al científico que alertó de que una eventual fusión del hielo del Ártico elevaría catastróficamente el nivel del mar en ni se sabe qué cantidad de metros, actualmente en paradero desconocido  (el científico, se entiende).

No quiero terminar este artículo sin expresar mi reconocimiento a los científicos del Instituto Geológico Nacional, que descartaban por altamente improbable una erupción volcánica en el Hierro, por disparate el que se formase una nueva isla y que tranquilizaban con que en ningún caso habría peligro para la población. De manera sutil pero valiente han puesto al descubierto una operación urbanística de recalificación ilegal de terrenos submarinos de un parque natural protegido. De qué otro modo entender los movimientos irregulares de las placas tectónicas sino en contubernio con oscuros intereses del Cabildo.
 La Ciencia no es tonta, oiga.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Recortable educativo

Miles de sufridos profesores han tomado hoy las calles de Santiago y de Madrid en protesta por los recortes en la calidad de la enseñanza pública, elaborado sinónimo del incremento de las horas lectivas semanales a 25 en Galicia y a 20 en Madrid. Resulta llamativo que la convocatoria haya tenido mucho más éxito en la capital del Reino, donde acaso las horas coticen más minutos. En lo que todos coinciden es en la consideración de que a mayor trabajo de los enseñantes peor es la calidad de la enseñanza. Este dato me confirma la estupidez de la mayor parte de mis amigos, que envían a sus hijos a colegios privados, donde cada docente imparte como mínimo esas 25 horas que convertirán a sus alumnos en perfectos cenutrios incapaces de competir el día de mañana con sus compañeros de la escuela pública. Y pagando, oiga. Quizá sea eso, una oscura conspiración a favor de la enseñanza privada (algo he oído) para, rebajando la calidad de la pública, equipararlas convenientemente a qué sé yo qué intereses mercantiles.
Durante días tirios y troyanos y sus respectivos medios han esgrimido titulares sobre datos estadísticos que demuestran una cosa y la contraria. Ya se sabe que la estadística es puta y promiscua y se va con cualquiera sólo por joder. Lo que llama la atención es que todos se remitan a la misma fuente, el informe de la OCDE Panorama de la Educación 2011 (Education at Glance 2011), unas 495 páginas en inglés de datos comparativos. Para los menos valientes incluyo aquí un resumen de seis páginas referidas a España.

A la luz del susodicho informe, tienen razón los que afirman que los docentes españoles imparten más horas lectivas que la media de la OCDE, 880 horas frente a 773. Y además en menos tiempo, en 37 semanas (porque disfrutan 10 días más de vacaciones que la media). Dividiendo horas por semanas obtenemos algo más de 23 horas semanales. Que vayan celebrando en Madrid que van a trabajar menos. Eso sí, también es verdad que el número total de horas trabajadas al año es de 1.425, o sea, 235 menos que las 1.660 que promedia el conjunto de países (véase pag. 428).

También atinan los que sostienen que los profesores españoles están entre los mejor pagados del mundo. En datos ponderados sobre poder adquisitivo y excluyendo a Luxemburgo, país que sólo sirve  para blanquear dinero y reventar estadísticas, en todas las escalas salariales están entre los dos o tres países con mayores retribuciones (pag. 415). Si además se comparan estos emolumentos con los salarios de otras profesiones de titulación universitaria superior, nuestros profes son como La Roja, campeones del mundo indiscutibles (pag. 417). Falta les hará para afrontar los gastos ingentes que suponen las 15 semanas de vacaciones.
Llama también la atención que pese a tener una de las ratios más bajas de alunmos por profesor (8,6 frente a 13,5) España supera levemente la media en alumnos por aula (pag. 404). No acabo de adivinar si faltan alumnos, sobran profesores o escasean las aulas. A mis amigos manirrotos e inconscientes que perjudican la educación de sus polluelos en caros colegios privados decirles que en éstos, encima, tienen unos 15 pupilos por docente.
Y si eso no basta, decir también que, ponderado el PIB por habitante, la enseñanza pública española es la tercera del mundo en mayor gasto por estudiante. Ahí es nada.

Cómo se puede hablar de recortar el despilfarro, de aumentar las horas de trabajo, de reducir el gasto, si con el ímprobo esfuerzo de estos sufridos huelguistas y sus mariachis sindicales, la decidida inversión del Estado y la inteligente gestión de nuestros sucesivos gobernantes estatales y autonómicos hemos conseguido colocarnos según el último informe PISA en el puesto 34 del mundo en comprensión de lectura, en el 36 en Matemáticas y en el 37 en Ciencias.

Y, si encima despiden a los interinos, quién va a ser ahora capaz de encender el ordenador, conectar el cañón o hablar en inglés, ¿eh?. O es que van a obligar a los funcionarios a reciclarse y aprender Física postnewtoniana. Qué quieren, ¿que acabemos tan mal como en la enseñanza privada, como los hijos de los burros de mis amigos?



jueves, 4 de agosto de 2011

Las horcas caudinas

Editorializaba ayer el diario El País, con loable elegancia estilística, que "las horcas caudinas por las que se ha visto obligado a pasar Barack Obama bajo la mirada triunfal de los republicanos acabarán por arruinar la efectividad de la política fiscal", en referencia al acuerdo para elevar el techo de la deuda.
El hecho de que alguna desmesura en la metáfora la acople un poco a martillo sobre el tenor de la disputa parlamentaria, no resta  mérito periodístico a tan culto giro en tiempos en los que es bastante más común encontrar un error ortográfico en un titular de portada.

El desfiladero de las Horcas Caudinas, que atraviesa los Apeninos, fue escenario de una emboscada durante la Segunda Guerra Samnita en el siglo IV A.C. Un ejército romano comandado por el cónsul Espurio Postumio Albino, de tan infortunado nombre como destino, padeció la más humillante derrota de Roma en todo el período de la República. Los prisioneros, desarmados y desnudos, fueron obligados por los samnitas a pasar inclinados bajo un yugo como los de uncir bueyes, formado con las lanzas de los vencedores. Tal fue la ignominia y el deshonor de la rendición que buena parte de los legionarios renunciaron a volver a sus hogares y el Senado llegó a prohibir las fiestas y hasta los casamientos durante un año. La humillación tomó el nombre del lugar y la expresión pasar por las horcas caudinas o pasar bajo el yugo pervivió en la memoria de Roma hasta el punto de que tres siglos más tarde el propio Julio César infligió similar oprobio al caudillo galo Vercingetorix, obligándole a inclinar la cerviz al paso bajo el yugo de las lanzas romanas.

Del mismo hecho deriva la expresión subyugar, en su primera acepción de avasallar o sojuzgar y, en sentido más figurado, también en su significado de embelesar o cautivar.
No deja de ser curioso que el mismo Obama que ha subyugado con embeleso a gran parte de la sociedad estadounidense haya terminado - a juicio de El País- humillantemente subyugado por los bárbaros del Tea Party.

jueves, 28 de julio de 2011

Calentología, nubes misteriosas y un tal Henrik Svensmark

Ahora que según las previsiones de la ciencia oficial debería estar apretando la canícula de un verano inusualmente caluroso y sin embargo padecemos el mes de julio más frío y lluvioso de los últimos 50 años, tal vez la Agencia Estatal de Meteorología opte por seguir el ejemplo de su homóloga británica -el MetOffice- y deje de hacer previsiones meteorológicas a medio y corto plazo (la pifia ha sido a un mes vista), suponiendo correctamente que si éstas fallan de forma reiterada, perderán credibilidad aquellas que, a largo plazo y basadas en los mismos modelos, nos auguran el catastrófico calentamiento global que nos merecemos por el pecado de emitir grandes cantidades de CO2 a la atmósfera. Además con predicciones a cincuenta o cien años se evitan convenientemente el riesgo de estar aquí para ser desmentidos en caso de que tampoco acierten.

Henrik Svensmark
También ahora, cuando las nubes que arrastra el frío viento del Norte hacen maldecir a los bañistas por haber reciclado compulsivamente durante todo el invierno o por haberse comprado un Prius, me acuerdo de Henrik Svensmark, un brillante físico danés, maltratado con métodos inquisitoriales por la nomenclatura del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) -y en general por toda la ciencia climatológica oficial y subvencionada- durante los últimos quince años. El pecado que convirtió a Svensmark en hereje y le condenó a la hoguera del ostracismo y la pertinaz denegación de fondos  fue un estudio que cuestiona el efecto de los gases de invernadero sobre el clima y demuestra una correlación mucho más estrecha de los cambios climáticos con los efectos de los rayos cósmicos y el viento solar en la formación de nubes. Básicamente sostiene que la radiación de partículas cósmicas que atraviesa el sistema solar es la que ioniza la atmósfera y promueve la generación de nubes mientras la radiación solar actúa en sentido opuesto por la interferencia con aquellas. A mayor actividad solar habrá menos nubes y más calentamiento y a mayor radiación cósmica lo contrario. Dicho de otro modo, es la cantidad de nubes la que determina el clima y no al revés.
Después de años de lucha y, con los modestos recursos que puso a su disposición el Centro Espacial Nacional Danés, desarrolló un experimento a pequeña escala con el que demostraba cómo los rayos cósmicos producían en laboratorio precursores o semillas de nubes. Lejos de obtener reconocimiento y apoyo económico por sus hallazgos, Svensmark ha padecido desde entonces la crítica feroz y la persecución (amenazas a las revistas científicas que publiquen sus artículos) por parte de una ciencia oficial del clima, de fuerte posicionamiento político y que admite cada vez menos discusión o debate, la que algunos llaman secta de la Calentología. Todo ello aparece estupendamente retratado en el documental El misterio de las nubes (2007), emitido en España por el canal Odisea, disponible en YouTube y cuya visión recomiendo.

Pues bien, después de todo este tiempo y gracias al denodado apoyo de algunos físicos como Nir Shaviv y Jasper Kirbii o el periodista Nigel Calder, el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) ha llevado a cabo el proyecto CLOUD, un diseño a gran escala del estudio de Svensmark, cuyos resultados están a punto de publicarse y pueden poner, antes o después, patas arriba la teoría del calentamiento global antropogénico. De momento el director del CERN, en un comunicado insólito, ha prohibido a sus científicos que publiquen junto con los datos sus interpretaciones dada "la muy politizada arena del debate del cambio climático", lo que parece todo un indicio a favor de las tesis de Svensmark. Algunas filtraciones previas de los datos obtenidos apuntan en la misma dirección. Aunque por muy acertado que esté, no dudo de que el IPCC y todos los resortes de poder que manejan, le declararán la guerra.

Quienes me conocen saben que soy desde hace bastantes años un declarado escéptico respecto a la teoría del calentamiento global causado por el hombre y al supuesto consenso científico (claramente inexistente) sobre la cuestión. Es más, me parece tan acientífico como la imposición de cualquier dogma. Por lo mismo tampoco abrazo con ninguna fe cualquier teoría alternativa. Pero tendría gracia que a la postre el amigo Svensmark tuviera razón y el calentamiento o enfriamiento globales se deban fundamentalmente a causas tan naturales como incontrolables y que la rampante Calentología se convierta en un carísimo fiasco y en uno de los mayores ridículos científicos de la Historia.

viernes, 10 de junio de 2011

Breves

Leo con estupor que Ken ha decidido abandonar a Barbie. Resulta que Mattel embala sus muñecas con cartón procedente de árboles de las selvas de Indonesia. Y Ken no sale con chicas que deforestan. Así lo ha confesado en un vídeo realizado por Greenpeace. Por qué no me extrañará que un muñeco eunuco y metrosexual sea también un esclarecido ecologista. Barbie, guapa, manda a paseo a ese pisaverde y líate con un Action Man.




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El Subsecretario del Interior, Justo Zambrana, ha revelado que las infracciones por exceso de velocidad, que curiosamente habían disminuido desde la reducción de los límites a 110 km./h, han experimentado un repunte del 8 % a partir de la última semana de mayo, con respecto al mismo período del año anterior. Zambrana atribuye estos datos estadísticos a un cierto relax en el cumplimiento de la norma por parte de los conductores.
También va a ser casualidad que se hayan impuesto menos multas desde la implantación de la polémica medida hasta la fecha de las elecciones municipales y autonómicas y justo unos días después vuelva a aumentar la recaudación por infracciones. ¿No habrá habido un cierto relax de los radares fijos, interferidos por ondas electorales?

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El declive político de Berlusconi podría coincidir con la irrupción en el foro del otro personaje más envidiado por los italianos -dicho sea  en masculino plural no genérico-, el célebre actor porno Rocco Siffredi. El argumento de su campaña contra el abandono de mascotas no puede ser más intimidatorio: "Se lo abandoni, ti inculo!", conocidas las dimensiones extraordinarias de dicho argumento. En plena crisis de las hortalizas por la epidemia de E. Coli, el nabo italiano atemoriza mucho más que el pepino español. Por cierto que echo de menos una campaña a favor del injustamente vilipendiado cucurbitáceo patrio, a cargo del también internacionalmente reconocido Nacho Vidal.

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domingo, 5 de junio de 2011

Firma invitada: Lo legal y lo justo (Cristina Nebot)

Inauguro la sección de colaboraciones con esta entrada de Cristina, a cuya denuncia me adhiero por completo.



Con frecuencia digo a mis alumnos que lo legal y lo justo no siempre coinciden, en un intento de prepararlos para la segura frustración que sentirán al acercarse a los tribunales de Justicia. Pero esta noticia, esta decisión judicial no sólo es injusta, es descabellada, por más que se ajuste a la estricta, fría, formal y deshumanizada legalidad.
El Tribunal Superior de ¿Xustiza? de Galicia acaba de ordenar el derribo de un edificio en el centro de Coruña donde viven cien familias por no ser ajustado a la estética de la arquitectura racionalista de la ciudad. ¿Creéis que exagero? 

A principios de 1997, FENOSA convocó un concurso para permutar su edificio de oficinas en A Coruña por las viviendas y locales comerciales que se obtuviesen mediante la realización de obras de rehabilitación. Entre los concursantes se encontraba D. Valentín Souto García, quien ya fue arquitecto contratado por el Ayuntamiento de Betanzos. No resultó adjudicatario del concurso. 

Desde entonces y hasta hoy pretende el derribo de un edificio en el que actualmente viven 100 familias. Entre sus motivos: - "se nos había perjudicado haciéndonos realizar un esfuerzo y un trabajo que habían resultado en vano". - "absolutamente inadmisible la transformación arquitectónica que convirtió uno de los pocos edificios racionalistas meritorios de la ciudad de A Coruña,en un desafortunado remedo de la arquitectura ecléctica del siglo XIX, dando un lamentable ejemplo de involución arquitectónica, que además resulta para mí un auténtico agravio, en tanto fue llevado a cabo en detrimento de mi propuesta (...)".(La Opinión A Coruña, 4 de junio de 2010) 

El así agraviado ha pleiteado durante trece años de juicios y gastos, no bastando una sentencia favorable para satisfacer su dogmatismo arquitectónico y obtener su desagravio, sino que pretende que cien familias se queden sin casa en aras de la arquitectura racionalista. ¿Es esto Justicia o la historia de un despecho?


viernes, 3 de junio de 2011

Autoritarios y totalitarios

Treinta y seis años después de la muerte del dictador que campeó por España algo más de otros tantos, no puede decirse que Francisco Franco haya conseguido pasar a la Historia. Podría entenderse que sus ya escasos nostálgicos se aferrasen a la memoria fabulada de un personaje tan patético como abominable, pero son, curiosamente, los más declaradamente antifranquistas los que no dejan de sacar al santo en procesión, como si les resultase imprescindible todavía para peinarse con la raya que separa el bien y el mal más absolutos. Es tan refractaria al sentido común la incapacidad para asumir el pasado de buena parte de la sociedad española que la historia contemporánea no merece ser escrita con mayúscula, embarrada todavía en las trincheras de la Guerra Civil.

No es extraño que el recién estrenado Diccionario de la Real Academia de la Historia haya encallado precisamente en la F de Franco, en cuya entrada se afirma que su régimen fue autoritario pero no totalitario.

¡A las barricadas! Toque de corneta y reparto de munición contra el académico franquista que ha rebajado la dictadura de totalitaria a autoritaria. Políticos y contertulios, medios de comunicación y organizaciones cívicas de variados pelajes, todos a una pidiendo cuando menos la corrección del diccionario, cuando más su prohibición o su quema en plaza pública.

Desde luego, si no ganamos más competiciones deportivas es porque todavía no se ha inventado el campeonato mundial de capacidad de ridículo o el de ignorancia temeraria. Puede que no sea nada afortunado encomendar la redacción de la biografía del funesto general a un historiador como Luis Suárez, de abiertas simpatías por su biografiado  -como tampoco parece la mejor idea que de la entrada sobre Felipe González se encargue Juan Luis Cebrián- pero le asiste toda la razón cuando académicamente califica el régimen de Franco como autoritario y no como totalitario, frente a la legión de tarugos que se rasga las vestiduras sin conocer ni por asomo la diferencia entre un término y otro.
Un régimen autoritario o autocrático suele ser personalista, habitualmente conservador o retrógrado y, si bien elimina  las libertades y derechos fundamentales, no pretende normalmente ocupar ideológicamente todos los aspectos de la sociedad, sino mantener el poder y la vida pública en manos de una oligarquía. Van desde las monarquías absolutas a las dictaduras militares o regímenes populistas. El franquismo encaja bien en el concepto, como la coetánea dictadura de Salazar en Portugal, de Pinochet en Chile o las todavía vigentes en la Guinea Ecuatorial de Obiang o la monarquía marroquí.
Los totalitarismos suelen surgir, en cambio, de un partido político, que se convierte en único y, desde una fuerte ideologización pretende fundirse con las instituciones del Estado, absorber la economía y exige la movilización política de sus ciudadanos, eliminando también sus derechos y  libertades fundamentales. De ese carácter total del que toman su nombre son paradigmáticos el nacionalsocialismo alemán o el comunismo leninista, estalinista y sus continuaciones y satélites.
Dicho esto, no es necesariamente peor ni más sanguinario un régimen por ser autoritario o totalitario. No son grados de lo mismo, son sencillamente categorías científicas distintas, establecidas académicamente desde hace décadas para clasificar los sistemas políticos. Confundir la distinción científica con la justificación moral es mero revisionismo indocumentado.

Pese a toda la polémica generada, no creo que la nueva enciclopedia  biográfica vaya a infligir graves daños neuronales a sus furibundos críticos, vista su escasa disposición a consultar un diccionario antes de ponerse en evidencia. En esta escalada del disparate ibérico no sería descabellado que surgieran partidarios de derogar la Ley de la gravedad, claramente preconstitucional y totalitariamente vigente en tiempos del autoritario Franco.